«¡Me ha cambiado la vida!»

Carmen Jiménez Recena, de 23 años, es la primera mujer española con síndrome de Down que se fue al extranjero con el programa Erasmus+.

``¡Me ha cambiado la vida!``

Carmen Jiménez Recena, de 23 años, es la primera mujer española con síndrome de Down que se fue al extranjero con el programa Erasmus+. Carmen, quien es técnico de farmacia y voluntaria de la Cruz Roja, se quedó en Portugal para hacer unas prácticas en una farmacia. En la conferencia «Soluciones contagiosas» organizada por Plena Inclusión Madrid, fue entrevistada  

Hicimos un resumen de la entrevista en el contexto de nuestra campaña sobre «Educación»: 

¿Cómo descubriste que existe una cosa que se llama Erasmus? 

Es mi hermana quien primero fue en Erasmus, a Francia. Me di cuenta de que también quería salir fuera y completar mi formación profesional. ¡Y así es como decidí ir a Erasmus! 

  

¿Cómo reaccionaron tus padres cuando les dijiste que querías ir a Erasmus? 

Bueno, primero dijeron que no, ¡pero luego mis padres me apoyaron! 

  

¿A dónde fuiste exactamente? 

Pasé 6 semanas en una farmacia en un pequeño pueblo cerca de Oporto. Tuve una serie de tareas, como aplicar protocolos de dispensación y ventas, controlar el stock, etc. De hecho, sigo siendo en contacto con personas que hablan portugués. 

  

¿Recibiste algún apoyo durante tu estancia en el extranjero? 

Tuve el apoyo de Alba, una amiga mía que ahora vive en Londres. Me apoyó con el cambio de los relojes, con las costumbres locales y con toda la experiencia que es de vivir en el extranjero, lejos de donde perteneces. 

  

¿Cómo te cambió la experiencia Erasmus? 

Descubrí que puedo confiar en mis capacidades, tener confianza y seguridad. Realmente puedo decir que fue un cambio de vida. Ha sido un proceso largo, muy bonito y especial. Creo que es un ejemplo de todo lo que podemos ser, no depende de nuestras diferentes capacidades o necesidades. 

  

¿Dónde estás trabajando ahora? 

Hasta ahora, estaba trabajando en la farmacia de un hospital, para cubrir una baja de maternidad. Era diferente de la farmacia donde hice mi entrenamiento, que era una farmacia en la calle. En una farmacia «normal», hacen fórmulas magistrales, hay que colocar y reponer medicamentos y pedidos, etc. En la farmacia del hospital donde trabajaba, por otro lado, teníamos neveras, trabajamos con carruseles de farmacia y tal. Por lo tanto, es un campo muy diverso. Mi contrato está terminado ahora, pero trabajar en la farmacia del hospital ha confirmado mi pasión de ser técnico de farmacia. 

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